Por Marta Gómez-Rodulfo

El 26 de septiembre nació ALAS DE MAGUEY. El mismo día que yo, un 26. Me gustan las coincidencias numéricas, siempre pienso que esconden algo. Un augurio de buena suerte, quizás. Parece mentira y no, no parece que fue ayer, parece que fue hace una eternidad cuando comencé aquel proyecto que rondaba mi cabeza hace ya cuatro años y medio y que por fin, este comienzo de otoño se ha transformado en un libro.”Los proyectos creativos son adictivos”, me dijo esta mañana un amigo al comentarle que más que una gran emoción sentía cansancio físico, algo así como si hubiera parido y me hubiese quedado sin fuerzas. El cansancio y la felicidad se reparten a ambos lados de la balanza en el final de un largo proceso. Hace una década escribí mi primer libro y aunque estuvo cerca de publicarse, aún sigue en mi escritorio. Ahora me acuerdo de él, siento como si hubiera parido dos hijos, y este segundo ha tenido -de momento- mejor suerte que su antecesor. Es lo primero que he pensado y sin querer le he susurrado: “Ya llegará tu momento, igual que le ha llegado a tu hermano”.

Si algo siento en los comienzos de esta nueva etapa que da salida al lanzamiento público de “Alas de Maguey”, es un inmenso respeto a todas las personas que inician o están inmersas en un proceso creativo, de cualquier tipo. Sólo los que lo hemos hecho en alguna ocasión sabemos de la soledad en el proceso, de las puertas que se cierran constantemente, de la sensación de desesperanza, de las lágrimas vertidas de frustración que caminan junto a esa pasión que hace que te embarques en un proyecto que a veces se te hace grande, pero en el que crees y en el que no puedes dejar de trabajar. Llámese pasión, vocación, intuición o ese “algo” que nace del estómago y te empuja a seguir caminando hasta terminar lo emprendido. Por eso hoy más que nunca envío mis respetos cargados de humildad hacía los creadores: periodistas, escritores, escultores, músicos, artistas de cualquier tipo, a los ejecutivos que se embarcan en nuevas aventuras empresariales, hoy más que nunca me acuerdo de los emprendedores, invisibles en las ayudas gubernamentales de hoy día y olvidados por una sociedad que sólo fomenta el trabajo por cuenta ajena, hoy más que nunca me acuerdo de los que se descargan las películas piratas, los discos piratas y su falta de empatía hacía los procesos de creación, una enorme ráfaga de solidaridad me acompaña hacía aquellas personas que tratan de construir, de crear sin recibir nada a cambio más que la propia satisfacción de la creación.

Pero no quiero dirigir esta primera carta de presentación de “Alas de Maguey” hacía la denuncia, aunque en estos tiempos donde ni el esfuerzo ni el anonimato se valoran, dan ganas. Quiero presentaros este libro y compartir con vosotros un relato de México, un país hermoso, complejo y apasionante, con una riqueza cultural extraordinaria y única. Un país que nació como una nación pluricultural y ese hecho es uno de sus tesoros.

Este libro es para presentaros a Eufrosina Cruz Mendoza, una mujer hermosa, valiente quién llegó más alto que sus propios sueños. Una importante persona para México, que ha conseguido hacer un hueco a la mujer indígena en el mundo político del país. Eufrosina ha creado las bases para que la mujer indígena no sea una ciudadana de tercera clase. Este libro es un grano de arena a su causa. Este libro es un regalo a México de una extranjera a quién este país, como a todos los extranjeros que hasta aquí llegan, le ha dado un gran puñado de oportunidades y momentos de inmensa felicidad.

Gracias por leer y compartir “Alas de Maguey”. 

Un abrazo.

 

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Eufrosina Cruz Mendoza y Marta Gómez-Rodulfo.