Foto: CNN México

Por Marta Gómez-Rodulfo

Mucho antes de que descubriese México ya estaba obsesionada por esa palabra: FIL. Todos los años me topaba con esas sílabas que tanta ensoñación me producían. Me parecía el colmo para todo aquel que estuviera interesado en las letras de alguna manera u otra. Yo por entonces trabajaba como becaria en el Grupo Santillana y a finales de noviembre veía como todos los jefes se iban a esa feria de libros mexicana, importante y mágica. Escuchaba historias fascinantes, que los escritores bailaban salsa, que el público lloraba en las presentaciones de los libros.
¿Qué sería eso de la FIL? Años después cuando caí fulminada por mi flechazo hacía México y me trasladé a vivir aquí, sabía que como periodista o como paseante, yo iría a la FIL. La primera vez que fui era en el año 2008, buscando debajo de las piedras encargos como freelance aunque la única a excusa era conocer aquel lugar con el que tanto había fantaseado. Y en efecto, fue indescriptible. Recuerdo estar en el homenaje: «Los amigos de Carlos Fuentes». Junto al elegante escritor, se encontraban García Márquez, Monsiváis. La magia estaba delante de mis ojos y en efecto, nunca hubiera imaginado que las presentaciones de libros cobraran vida propia y fueran tan entretenidas. Risas, anécdotas y ese público de la FIL, que no solo pregunta, sino que debate en un juego amistoso con los autores, una camaradería sin igual.

FIL de Guadalajara 2012 recuerda a Carlos Fuentes

Los lunes es el día más famoso de la Feria, donde los autores, editores y lectores se acerca hasta «El Veracruz», un casino informal donde todos se mezclan a ritmo de cumbias y salsas. Recuerdo como me impresionó ver bailar a Alberto Ruy, que no sabia que era un famoso escritor e intelectual de México y que dominaba el baile como nadie. En el año 2010 cuando trabaja en el equipo de Corresponsales del periódico El Mundo, el destino me llevó a cubrir sola la FIL para este periódico. Seis días en los que trabajé como nunca. Corría de un lado a otro con la adrenalina como motor, recogía información, entrevistaba, escribía en la sala de prensa, en las presentaciones de libros, escribía en la habitación del hotel, se me olvidó hasta el ocio pero no importaba, me sentía como narra García Márquez: ejerciendo la profesión más hermosa del mundo.

Mario Vargas Llosa/Alberto Ruy Sánchez FIL 2009

Nunca pude imaginar que algún día iría a la FIL como autora. A punto de embarcar en el avión que me llevará hasta la Feria de libros más apasionante del mundo, para presentar a mi hijo de papel: ALAS DE MAGUEY, me siento como si caminara sobre una nube de algodón rosa. Hoy es lunes, espero llegar a tiempo para bailar en el Veracruz.